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6/02/11

• Entrevista a Susana Baca

LA VOZ DULCE DEL COMPROMISO
Por: Carlos Mejía Gamboa

Producción musical que permitió la entrevista

La presencia de Susana Baca posee algo especial que inunda el ambiente llenándolo de un calor humano excepcional, desbordante de serenidad, amor, franqueza. Su bien atesiturada voz, dulce y encantadora, encierra el misterio de su alma de mujer atemperada por la constancia, por el sacrificio que encierra su humana decisión de artista, por su esmero de pulcritud en el trato solidario y, quizás, por el perfecto modelaje de su ser. Se advierte que el tiempo la ha forjado de un modo grácil proclive a la tertulia, al uso dulce de la palabra amable, al regalo de instantes fraternos.

Y no es menos de esperar de esta reconocida artista peruana que ya lleva casi toda una vida entregando el sentimiento de su arte. Sus comienzos le recuerdan la época del colegio, la de la universidad; pero, no olvida aquellas representaciones dominicales en casa para complacer a los visitantes y familiares. En Susana Baca hay un expreso agradecimiento a su madre por apoyarla en su decisión de cantante, aún cuando ella misma supiera que “todos los músicos que ella había visto se habían muerto de hambre”; pero, esa anuencia materna la condicionó a estudiar Pedagogía. Es en esas circunstancias en que comprende la necesidad de tomar clases de canto y dedicarse definitivamente al arte de modo serio y consecuente.

Ofrecemos a nuestros lectores pasajes resaltantes de nuestra conversación para que por sí mismos puedan convencerse de las expresiones introductorias vertidas por nosotros.

IDENTIDAD CULTURAL Y COMPROMISO ARTÍSTICO
- ¿Hay un estímulo que ha definido tu decisión de dedicarte a la música?
SB: Todo está considerado como determinante e incluye algo más profundo todavía. Hay un momento en que me doy cuenta que nosotros los negros estamos negados en el Perú, no aparecemos por ningún lado. No hemos estado nunca en los libros de Historia. En el colegio las niñas de origen andino podían sentirse muy orgullosas de un pasado y nosotros los negros decíamos pero ¡cómo! Esa inquietud me lleva a recordar –porque yo ya estoy grande– cómo era mi infancia, cómo oía cantar a las tías, acompañarse con cajones de cubiertos y, cuando había una guitarra, cómo hacían voces y coros. Me lleva a recordar, también, cómo esas gentes tenían una manera de seguir el ritmo, una manera de cocinar, una manera de usar hierbas. ¡Una cultura interesante! Eso estimuló mi curiosidad. Primero me acerqué a mi madre, le pedí que me contara lo que sabía y nos quedábamos noches que se convertían en interminables. Posteriormente recorro el Perú. Ahora tengo una cantidad grande de material grabado.
– Hay una época que en Perú algunos estudiosos se preocupan por las manifestaciones afroperuanas. Un compromiso asumido por algunas familias, digamos los Santa Cruz, por ejemplo, permitió romper una postergación a la que estaban condenados los negros.
SB.- Claro. Al hacer eso sientes como que te liberas, ¡liberas memoria! He seguido el paso de otros investigadores, pero a mí me ha tocado la suerte de mostrar esa música al mundo, de mostrarla y ponerla en un nivel que no lo tenía antes.
– El camino que tú has decidido es difícil. Algunos lo han llamado “el camino tortuoso de la música”, ¿cuál es el secreto para lograr éxitos?
SB: Creer profundamente en lo que haces. Eso es y ha sido mi fuerza durante todo el tiempo en el que se me han cerrado muchas puertas. Son incontables esas ocasiones. En mi propio país sobre todo.
– Un colega en Perú decía que “Susana Baca es un símbolo de la música peruana pero más se le conoce fuera que aquí”.
SB: ¿Sabes qué me dicen? Me dicen: “¿cómo siente usted que tenga que venir un norteamericano a decir escuchen a esta mujer?” Para mí es muy grato pero también muy triste. A mí, en esta investigación que hicimos, –que la hago más por Perú que por investigadora, no es mi oficio– me sucedió algo interesante. Iba por la costa del Perú recogiendo material, grabando todo; de repente unos chicos de un grupo estaban tocando e imitando a un grupo de música chileno y al lado, casi a la vuelta de ellos, vivía el último tocador de calabaza del Perú. Un negro maravilloso, ¡un Señor! Él estaba tan cerca y no lo conocían, no lo habían buscado, no sabían su historia. Yo venía desde no sé dónde buscándolo casi a pie. Eso es decepcionante.

LA NUEVA CANCIÓN Y LA POESÍA
– Tengo una curiosidad. Decidiste dedicarte a cantar cuando estabas en la universidad. ¿Has topado con la Nueva Trova, la canción de protesta?
SB: Por supuesto, encontré en la llamada Nueva Canción y la poesía muchas de las palabras que yo quería decir o necesitaba decir. Entonces he usado mucho a los poetas y he hecho adaptaciones que permitan que la música afroperuana vaya ligada a la poesía.
– ¿No será por eso que en Perú la gente toma tu trabajo como elitista? ¿Percibes eso?
SB: Sí, lo he sentido y el tema ha sido tratado en algún lugar. Eso de que Susana canta para la elite. Creo que los que comentaron ésto no estuvieron cuando yo estrené, el 8 de marzo, “María Landó” y cuando fuí a cantarlo a los comedores populares tanto en Comas como en Villa El Salvador y en otras zonas periféricas de Lima. Las mujeres sentían que era su himno, lo bailaban y cantaban; además me preguntaban el por qué no podían verme en la televisión y por qué no había un disco grabado. Como te contaba, las dificultades de encontrar un sello discográfico hizo que mi marido un día creara su propio sello: creamos el circuito alternativo. Ahora encuentras un sinnúmero de jóvenes que trabajando duramente algunos meses al año,recibiendo préstamos de la familia, hacen su grabación, su disco. Después, cuando viene el hecho de que yo estoy en gira internacional y mis discos están en el mundo, entonces recién vienen las disqueras a decirme: “Señora, queremos grabarle...” Pero ya es un poco tarde.

FUJIMORISMO Y ESPERANZAS
– Claro. Porque siempre hay un proyecto personal, ¿no es cierto? Y, dime: ¿qué pasó los últimos diez años? ¿Estuviste en Perú?
SB: Sí, estuve en Perú.
– Esta última década ha sido una década en la que han estado comprometidos casi todos con el régimen, para sobrevivir. ¿Cómo ha sobrevivido Susana Baca a toda esa podredumbre?
SB.- ¡Ay! Hemos tenido que hacer maravillas, maravillas para poder remontar, para poder no dejar el alma, porque entendí que de todas maneras mi trabajo tenía que ser fuera y porque mi público era pequeño; yo no quería plegarme a la cosa comercial, a eso de que “lo negro está de moda”, ir a mover la cintura con falditas muy cortas. Nada de esa cosa podía ir conmigo.
– Y entonces ¿cómo sentiste el “baile del chino”?
SB: No me lo recuerdes, ha sido una cosa sin compás ni nada. En los primeros momentos en que sale Fujimori, tuve algo de esperanzas. No voté por él. Pero para su segundo período sí. Allí empezó todo. Durante su primer gobierno la gente no tenía el alma en el piso como al final de su período. Nos entusiasmamos tanto que en el segundo período lo apoyamos. Pensamos que luego disfrutaríamos. A la gente que se queda en el poder, conforme a esta experiencia, o que alguna vez tiene el poder, como que les da un virus, les da una enfermedad, no se quieren ir nunca, y además pierden la visión de la realidad. Por otro lado, como músico te preguntas: ¿qué está pasando? y te das cuenta que las cosas que te presentan en los medios no están bien, que hay una realidad distinta. Lo sientes a través del alma. Sabes que la gente está asustada, que tiene tristezas muy grandes. ¡Verse impotentes para solucionar sus problemas!
– ¿Podría decirse entonces que después de esa década te reafirmas en el concepto de que el arte es el medio que capta fácilmente el sentir de la sociedad?
SB: Claro, claro. La música, el arte, te pueden llevar a enriquecer el espíritu, a la reflexión, a mirar el mundo con claridad. Tienes que estar delante de todo, tú tienes que estar adelante para jalar a la gente. Para que la gente despierte.
– ¿No será ese concepto el que te ha servido para que te reafirmes en lo que estas haciendo?
SB: Sí. Podría decir que estoy satisfecha. Aunque a vece siento que estoy echando agua en la arena. No sé pero muchos artistas nos hemos preguntado: ¿de qué sirven nuestro canto, nuestro arte, nuestra obra de teatro, nuestros poemas? Lo único que me hace fuerte es que yo sé que la gente que asiste a un concierto mío, se lleva algo en el alma y les sirve de esperanza para sentir el amor, para sentir que no están solos.

SOBRE “ESPÍRITU VIVO”
– En tu última producción, ESPÍRITU VIVO, hay un verso que me ha llamado mucho la atención: “el fusil del poeta es la rosa”. ¿Es una elección adrede con la que quieres decir algo especial?
SB: Esa canción es un homenaje a Javier Heraud. A él lo conocí personalmente. Era alegre, lleno de vida y un día desapareció. Desapareció para todo el mundo, para sus amigos, sus familiares y, de pronto, nos enteramos de que muere acribillado en Madre de Dios. Eso nos planteó una serie de cosas a los artistas de esa época. Yo miraba mucho a los poetas, me agradaba conversar con ellos. Porque ellos significaban la rebeldía, estar en contra de lo establecido. Yo de alguna manera sentía eso y me plegaba a ellos, a César Calvo, a Antonio Cisneros... Los admiré y los sigo admirando hasta ahora. Pues, Javier Heraud fue también eso. Es algo de lo que te toca hacer en la vida. Tú eres el único que eliges y dices voy a continuar con mi música, con mi obra.
– ¿Cómo defines tu última producción?
SB: ESPÍRITU VIVO tiene ingredientes interesantes como el de haber juntado dos temperamentos que son muy diferentes. A dos músicos que hacen jazz y se emocionan con nuestra música. Les invitamos a participar desde el segundo disco que es “Eco de sombras”, pero esta vez queríamos estar juntos. Con Marc Ribot y John Medeski nos encontramos en Nueva York y tuvimos sesiones inagotables, para compenetrarnos y, de pronto, acontece lo del 11 de setiembre. Nosotros empezamos a grabar el 12. Fue terrible, nos conmocionó. Nosotros ya habíamos vivido algo parecido. Fue como retroceder a años anteriores en que salíamos de casa sin saber si regresaríamos, por eso entendemos exactamente lo que está pasando también en Israel, en Palestina, lo que pasó en los Balcanes; sin embargo, nos duele que se retribuya la intolerancia con más intolerancia. La clase dirigente de este mundo está mal.

En esos días cantamos y la música nos dio una fuerza muy grande para tomar conciencia de nosotros mismos. El poema “Si me quitaran totalmente todo”, de Alejandro Romualdo, yo lo elegí hace ocho meses atrás, lo grabamos el día 12 de setiembre. Sentimos como que ese poema se hubiera hecho en ese momento o en los momentos más difíciles del mundo. Ese poema que habla de perderlo todo pero que al final queda el amor y la esperanza.

30/01/11

• Entrevista a Arturo “Zambo” Cavero

UNA GRAN VOZ DE PERUANIDAD
Por: Carlos Mejía Gamboa

Zambo Cavero en su visita a Berlín

Muchas veces hemos escuchado decir, a nacionales y a otras personas, que Perú tiene la música más hermosa del mundo. Expresión que puede bordear sentimientos nacionalistas y reflejar alguna exageración. Pero lo que no se puede dejar de reconocer es la gran variedad y diversidad de la misma, que se manifiesta acorde a la multiculturalidad, amplitud geográfica, y la encontramos reflejando la vida del poblador peruano. Las diversas expresiones musicales determinan, de algún modo, la identidad costeña, la andina y la selvática. Cada una, con sus propias características, complementa las tradiciones y costumbres que han ido evolucionando hasta hoy.

La música andina ha sido reconocida como la fundamental referencia en el contexto mundial y dada a su amplia difusión postergó, en cierta medida, la presencia de la música criolla. Hasta no hace mucho, en Alemania, los grupos de música peruana ofrecían dentro de sus repertorios música altiplánica, preponderantemente; pero, la presencia de un número mayor de inmigrantes connacionales ha estimulado a considerar otros géneros que permiten mantener la vigencia de una identidad musical más amplia. De allí que se ha hecho más notoria la existencia y visita, casi frecuente, de grupos de música chicha, música criolla, etc. A diferencia de Norteamérica, en la que los residentes peruanos tienen mucha relación con sus artistas en general, en esta parte del globo es casi una especie de suerte tener con nosotros a los más destacados representantes del arte nacional. Pero, hay que destacar la labor de algunas personas interesadas en ofrecer un escenario para tal efecto, que sorteando dificultades y enfrentando muchos riesgos, contribuyen a difundir el trabajo profesional de artistas de gran calidad y experiencia internacional.

“ZAMBO” CAVERO: ZAMBO DE ORO
El reconocimiento a este artista peruano no sólo obedece al tiempo que él ha dedicado a la música criolla, sino a la gran calidad de su estilo interpretativo que ha desbordado lo tradicional y lo ha enriquecido con una voz que se ha convertido en el modo más fidedigno de expresar la picardía y salero del músico limeño. Eso se puede percibir en el sinnúmero de grabaciones que ha hecho y ha popularizado. Ofrece una miscelánea musical que recoge canciones que pertenecen a los más destacados compositores peruanos y en sus conciertos resalta la labor que ellos han desplegado, rindiéndoles reconocido homenaje. Después de haberle escuchado por espacio de noventa minutos, nos deja impregnados de un sentimiento de peruanidad. También, hace rebotar en el mundo de nuestra nostalgia versos con sabor a pura jarana. Nos hace vibrar con la añoranza de un Perú distante y nos deja con la certeza de una felicidad desbordada. La compañía de Lucho Montalvo, destacado guitarrista peruano, complementa de un modo bastante acertado la pureza del estilo de Arturo “Zambo” Cavero. Al final, la colonia peruana queda tarareando canciones como: Peruanita, Olga, Comadre Cocoliche, Malpaso, Secreto... Eso, es confirmación de lo agradable de la velada musical. Hemos aprovechado la ocasión, para conversar con “Zambo” Cavero, sobre algunas inquietudes que, con seguridad, nuestros lectores encontrarán interesantes.

– Esta es una entrevista para Chasqui. ¿Cómo te sientes en esta ciudad: Berlín?
Z.C.- Yo no había pensado mucho, no me lo había planteado conscientemente. Yo he venido a Europa cinco veces y vine a Berlín por invitación de El Barrio. Me propusieron proyectar esta visita a otros países. Yo no lo concebía así, desde luego, porque prefería que mi viaje sólo fuera a Berlín. Estoy muy contento porque para mí, como muchacho de barrio, es muy significativo. Todo lo que he hecho en estos días, en esta ciudad, me emociona. He encontrado un cariño especial mostrado por los alemanes y los peruanos radicados acá. ¡Sensacional!
– Arturo, tú eres un personaje dentro de la música peruana. Digamos que dentro de los cultores de la música criolla y, específicamente, la música negra –vamos a llamarlo así sin rubores– tú eres el personaje. ¿Cómo te sientes de ser la gran figura?
Z.C.- Me parece bien y, claro, me alegra que lo reconozcan. Como soy limeño, no quisiera que la música afroperuana se interponga a la canción peruana o a la música ciudadana. El Perú es un país sensacional, pero el vals peruano se ha quedado en la ciudad, es para los criollos. ¿Pero, quienes son los criollos? Es un problema que la Sociología lo puede determinar; pero, realmente, el vals se enfrenta a muchas dificultades porque es elitista y quienes lo cantan bien son unos cuantos y, dicho sea de paso, hasta mis sentimientos fluyen a través de esa perspectiva. De lo que sí estoy seguro es que el vals no va a morir.
– Hemos crecido con tu música. En el norte sabes que hay predominio de la marinera, sobre todo en Trujillo...
Z.C.- ¿Cuál marinera? ¡No existe ninguna marinera norteña! Existe un tondero, valses norteños, la actual marinera nunca existió. Esa marinera siempre fue la marinera de Lima y el tondero. Eso que ahora se baila allí como marinera es un producto brutalmente comercial.
– ¿Cómo te inicias musicalmente?
Z.C.- Me inicio en la escuela. En la escuela primaria y el colegio toqué el tambor.
– Y... ¿cómo así que comienzas a cantar?
Z.C.- Yo nací en la Avenida Abancay, en la cuadra once, en un solar, en una quinta, en un callejón muy conocido como La Banderita Blanca de donde han salido muchas figuras del deporte y la música criolla. Además, era el corazón de Lima y allí no más terminaba Lima. Mi padre era huaralino y mi madre de Cañete. Entonces a dos cuadras más abajo estaba el Felipe Pinglo... Mi colegio primario estaba en el centro. ¡Ahora tengo 59 años!
– Después de participar muchos años en la música, ¿cómo percibes la música criolla respecto de ese tiempo?
Z.C.- He participado y tengo que participar todavía porque el trabajo de cambio lo he hecho yo. Lo digo con cierta modestia, desde luego. Todos son mis alumnos, en el cajón y en la métrica, en el canto he contribuido mucho como solista. Eso no lo digo yo. Ya lo dicen los estudiosos.
– El resultado de tu trabajo en el canto es especial, es particular. ¿Consideras que el ser distinto te ha dado éxito?
Z.C.- Lo impuse. Es un estilo de barrio, sentido, pícaro. La gran mayoría ha advertido eso y han tomado muchos elementos que yo he usado por bastante tiempo. He servido de ejemplo.
– Hace no muchos años, te vimos por la televisión cantar en un estadio peruano repleto. Todos cantaban contigo. Transmites un sentimiento profundo de peruanidad.
Z.C.- Lógico. Todos cantaron conmigo. Miles de peruanos. En esa ocasión dijo el pelotero Menotti, olvidándose del resultado, que el momento más sublime había sido cuando cantó Perú, cuando cantó Zambo Cavero. Es hermoso escuchar eso porque la gente lo valora. Me llena de emoción porque yo quiero mucho a mi patria...
– Sí, te he notado muy nacionalista. Alguien te pidió una canción esta noche y dijiste “yo no canto eso”. Es un ejemplo valioso para los músicos jóvenes, sobre todo.
Z.C.- No es porque no lo sepa hacer ¿eh? Es parte de mi personalidad.
– Siempre que se habla de “Zambo” Cavero, se le vincula de manera inmediata a otro maestro de la música criolla, guitarrista, que es Oscar Avilés. ¿Cómo se materializó ese dúo?
Z.C.- Bueno... Me conocí con el profesor Avilés hace como treinta o cuarenta años. Él tiene casi setenta años. Analizando todas las cosas, el trabajo en este campo, en mi patria, creo que el personaje que más ha aportado es Oscar Avilés. Él es sensacional. Tiene su forma de ser pero es un hombre muy sublime y creo que es el mejor guitarrista del Perú.
– A propósito: él, es un maestro de la guitarra criolla; tú, la voz destacada en ese género. Esa dupla se ha inmortalizado.
Z.C.- Sí, Será muy difícil que aparezca otro. Oscar Avilés ha tocado con otros grupos como Los Morochucos, con Fiesta Criolla, pero conmigo canta e interpreta otras cosas; se diría que conmigo sí toca. Es valiosísimo. Yo no lo había visto desde el punto de vista humano y he descubierto que es muy padre, muy amigo, es alguien que puede dejar de comer un pan para darle a los demás. Quiere mostrarse muy machito pero es al verres(revés). Es un amigo. Yo lo quiero, lo adoro. Incluso puedo decir que después de Pinglo sigue Avilés.
– Te he escuchado citar siempre a los autores de las composiciones que tú cantas y me he preguntado si tú has compuesto canciones. ¿Lo has hecho?
Z.C.- Sí. He compuesto muchas canciones, pero soy muy respetuoso. Después de haber oído tantas canciones valiosas me siento como menos. Pero, algún día voy a sacar lo mío dedicado a una novia, una enamorada; soy muy sentimental, muy templado. Creo que no sería malo.
– ¿Tienes algunos proyectos inmediatos?
Z.C.- Por su puesto que sí. hay un Réquiem dedicado a Rómulo Varillas, es un homenaje para alguien que cantó más de treinta años sin parar.
– ¿Has encontrado distinta la reacción del público en esta ciudad?
Z.C.- Lo que he advertido es un afecto increíble. Creo que este público va perfecto. Por otro lado, yo vine con tanta emoción, la presencia de toda esta gente es sensacional. Voy a regresar. He estado en muchos otros países pero me dan ganas de regresar y creo que muy pronto va a suceder eso.

Esta conversación con Arturo “Zambo” Cavero hubiera sido interminable porque está lleno de experiencias y cosas aleccionadoras; pero, antes de concluir hurgamos algunos aspectos de su vida que complementan su dedicación a la música criolla. Dijo que es profesor primario y se ha especializado en Administración de la Educación en la Universidad de Lima; ha hecho una especialización en Retardo Mental y Problemas en el Aprendizaje, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; tiene una Licenciatura en Educación otorgada por la Universidad Federico Villarreal. Le han sido concedidas las Palmas Magisteriales por su destacada labor. La Organización de Estados Americanos le premió, junto a Oscar Avilés, por su trabajo que fue considerado patrimonio de Perú y América. Ha visitado más de treinta países, de todos los continentes. Regresa, con optimismo y muy estimulado, a obtener su doctorado en Educación.

Consciente del papel que cumple con su dedicación a la música criolla, antes de despedirnos dijo: “El arte y la educación tienen un vínculo estrecho”. Lo dice con mucha razón y hace tiempo que lo viene demostrando.

17/01/11

• Entrevista a Leoncio Maguiña Morales

UN GRAN MURALISTA AIJINO
Por: Carlos Mejía Gamboa

El artista, el día de la entrevista.
Había albergado, bastante tiempo, el deseo de conversar con uno de los personajes importantes de Aija. Él es un hombre sumergido en la producción artística; es un hombre forjado por el trabajo cotidiano y encallecido por el esfuerzo al que le conducen sus pinceles y colores.

Leoncio Maguiña Morales, pintor aijino, destacado muralista, propulsor de la cultura aijina, nos recibe calurosamente en su domicilio que posee una característica especial: es un Museo. De inmediato, nos viene al recuerdo una de las casas de Pablo Neruda, la que tenía en Valparaíso. No son los colores los que nos hacen evocar a La Sebastiana, sino la pequeñez de sus habitaciones y las escaleras que nos sumergen en el mundo onírico del artista, invitándonos a la intimidad.

Hay una dosis inmensa de energía que nos condena, inevitablemente, hacia el placer estético; hay una fuerza incomparable que emerge de la obra de Leoncio Maguiña. La gama de los colores empleados y los mensajes de sus murales nos atrapan satisfactoriamente. Entretanto, él, con la voz pausada que le caracteriza, nos explica muchas cosas de ese universo que ha construido para encantarnos.


Waru entrega a sus lectores la conversación entablada con él, esperando sirva de estímulo para visitarlo y sino para valorarlo como lo merece.

Waru(W): Algunos datos biográficos suyos, Profesor. O algunos recuerdos de infancia que nos permita conocerlo.
Leoncio Maguiña(LM): Bueno... sería muy extenso, Carlos. Puesto que te has dignado venir a esta humilde casa, te agradezco y felicito tu inquietud. Tú volaste como el ave de Aija a otros horizontes y entiendo, pues, que estás haciendo patria, labor cultural, sobre todo en nombre de nuestra tierra Aija y de tu familia. De modo que podemos conversar muchas cositas. En cuanto se refiere a mi persona, eso es lo de menos; ahí tengo un librito que te voy a dar. (Se refería a su libro “AIJA: sus facetas”).

W: Entonces, nos ocuparemos de algo distinto. Acabo de visitar el Museo que usted tiene. En realidad, lo fundamental en él es la obra pictórica suya. ¿Recordará, usted, su primer dibujo?
LM: Bueno, inclusive allí hay un testimonio. Tú sabes, pues, cada ser humano viene a este mundo con ciertas facultades, con una predisposición para tal o cual actividad en la vida. En el caso mío, entiendo que la vocación me habría dado el destino o la vida y manifestóse desde niño, desde la escuela primaria. Dibujar y pintar fue mi gran inquietud. Aquí, en el Museo he dejado, precisamente, un testimonio que lo encontré después de muchísimos años. Sucede que yo seguí una profesión técnica y la vocación por el arte se quedó postergada. Cuando uno es pobre lo primero que tiene que hacer es luchar por conseguir el sustento y esa ha sido mi experiencia. Mi destino está marcado por una lucha permanente; yo no he tenido a nadie que me enviara a la universidad o al colegio. Yo solo he tenido que abrirme paso y, en esa brega, anduve pensando en mi vocación. “Algún día llegaré a estudiar en la Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú”, me decía. Ya hombre maduro, a los 28 años, lo logré.

W: ¡Ah! ¿Esa es la edad en que usted decidió dedicarse al arte, a la pintura?
LM: Sí, recién. Recién entré a la Escuela. Antes de eso he pasado por toda clase de ocupaciones. Egresé el año 1958.

W: ¿A quienes tuvo como maestros en la Escuela de Bellas Artes, en Lima?
LM: A muchos. Pero entre ellos voy a citar a algunos de quienes me recuerdo: Manuel de la Colina, José Gutierrez, Carlos Quispe Sacín, Manuel Ugarte Eléspuru, Aitor Castillo, Alejandro Gonsález Apurímac, y otros.

W: ¿Y su determinación de regresar a Aija, Profesor?
LM: El caso es que yo recién había egresado de la Escuela y ya tenía algunas propuestas en Lima, de varios colegios. Una de esas posibilidades, y la más segura, era la de trabajar en el Colegio Ricardo Bentín, en el Rímac. Estaba en esas gestiones y, en esas andanzas, me encuentro con algunos paisanos en Lima. No hay que olvidar que antes era más centralizada la administración educativa. Me conozco con el Director Aquiles Valdez, chinchano, que buscaba un Profesor de Arte para el Colegio de Aija. Él me animó, explicándome la cantidad de horas que iba a dar, etc.

W: ¿Consideró que su regreso a Aija sería temporal?
LM: Justo pensando en eso vine. Pero vine por mi madre, a quien no veía mucho tiempo, y por mi abuela María Maldonado. A mí me criaron mis abuelos. Por otro lado, la nostalgia por la tierra me motivó y vine por unos años. Total, fue pasando el tiempo y me fui quedando. Y me he quedado, definitivamente.

W: ¿Existe en usted algún sentimiento encontrado respecto de haberse quedado en Aija? No se ha preguntado: ¿Para qué me quedé en Aija?, por ejemplo.
LM: Sí, sí. Ya lo creo. En el curso de los años, naturalmente, me he preguntado muchas veces; sobre todo cuando se presentaron sinsabores que tuve que soportar a causa de mis obras. Vine a un pueblo como un misionero, por primera vez. No comprendían, no entendían... hasta mis obras fueron ultrajadas. Ese destino fatal he tenido.

W: Es propio de los artistas, puesto que definen su vida en base a su quehacer que está marcado de mucho sacrificio...
LM: Muchos percances han pasado mis obras. En fin, qué voy a hacer. Comprendo que es mi destino. Pero, fueron pasando los años y me quedé. Tuve familia, estuve en la docencia; estuve acompañando a mi madre, principalmente. No podía abandonarla y la acompañé hasta su muerte, a los 94 años.

W: Profesor, ¿piensa usted que el artista en lo posible debe vivir solo para materializar sus ideas y su trabajo artístico?
LM: Claro, pues. Eso es lo ideal. Los verdaderos artistas como Leonardo, Miguel Ángel... se dedicaron sólo al arte, no tuvieron familia, ni hijos, ni esposa. Vivieron estrictamente para el arte y apoyados por grandes personalidades de ese tiempo, los mecenas. Los artistas vivían protegidos y eso les permitía volcar toda su capacidad a su arte. Eso no ha sucedido conmigo. He tenido que luchar. La docencia, la familia, las obligaciones. Pero, yo no me he dejado abrumar, subyugar. Como dicen, “cuando un artista entra a la docencia queda castrado”. Eso no ha pasado conmigo. Primero... ¡mi arte!

W: Profesor, luego de la docencia, supongo que ya en condición de jubilado, habrá tenido más tiempo para pintar.
LM: ¿Después de retirarme de la docencia? No... no. Las facultades tienen su tiempo, así como el deportista. Yo vine de Lima, aquellos años, con toda la fiebre de la creación; joven, recién egresado, con mucha emoción. Es en esas primeras décadas en que he creado mis mejores obras y las más grandes. Alternaba con la docencia. Al jubilarme, o retirarme del magisterio, tenía casi setenta años, las facultades estaban ya reducidas, amainadas. Hoy ya no; ni tengo ganas de pintar; me dedico a leer, a escribir...

W: Profesor, regresemos a la edad en que decide pintar, ¿Vicente Van Gogh no fue un referente como para que pensara: “para comenzar a pintar no se es viejo”? Él comenzó mucho más tarde.
LM: Cierto, comenzó tarde. Pero se sumergió tan decididamente que formó parte importante del Impresionismo. Es uno de los mejores representantes de esa escuela. Ahora, dan muchos millones por su obra cuando en su tiempo nadie le daba importancia. Así es el artista y su destino.

W: Me gustaría tocar lo referido a su trabajo, en concreto. Desde mi recuerdo más lejano traigo la impresión del trabajo suyo basado en el mural. El colegio estuvo lleno de sus trabajos. Luego, he visto sus obras en el Cementerio, por ejemplo. ¿Cómo así que decide usted por el mural, una técnica bastante difícil y complicada?
LM: En la pintura hay especialidades, también. La inquietud hacia el mural se deriva de mi temperamento como artista. Eso quiere decir: hay artistas que se encierran en lo que se llama su Torre de Marfil, pintan para sí y nada más. Pero, yo no tengo ese concepto. La actividad de la pintura es eminentemente social... y tiene que llegar al público, a la masa. Entonces, desde el principio, de la Escuela, me nació esa inquietud de hacer la pintura monumental; es decir, la pintura mural. El mural es la expresión máxima del arte pictórico porque su temática es de carácter amplio, de carácter social, político, filosófico, histórico, ético, etc., etc.

W: ¿La pintura de la época de la revolución mexicana le habría estimulado a decidirse por el mural?
LM: Ya lo creo. Yo me sentía inquieto con el mural, más no con otra cosa. De tal modo que paisaje no pinto. Es laborioso, es cuadro chico, de caballete. En el mural hay que usar figuras grandes, monumentales.

W: Incluso tiene un contenido argumental, ¿no?
LM: Claro, esa es la importancia del mural. Debe llevar un mensaje. Es como un libro abierto, un discurso a la multitud. Eso es lo que me complace, me satisface. Así he pasado mi vida. La mayor parte de mis obras son murales, a pesar de no haber plasmado todos mis proyectos, porque tengo un montón. Lamentablemente el tiempo ya me ha ganado y espacio también ya no ha habido. Con esa inquietud en Aija, que no es un medio para la pintura mural, me he enfrentado a una realidad difícil.

W: Claro. Hay otro detalle, Profesor. He estado observaando sus pinturas y, desde una óptica muy modesta, le diría que si bien es cierto su mural no es como el mexicano, que parece ser un óleo llevado a la pared, usted trabaja una especie de mural que por su resultado se asemeja al fresco...
LM: Yo trabajo con técnica simple, el fresco sería muy caro. Trabajo con técnicas vulnerables, técnicas simples. La que uso es la de temple al huevo, sobre yeso. Se puede arañar, dañar fácilmente; en cambio, el fresco es eterno. El material para el temple es durable, desde luego. El color es permanente.

W: Profesor, ¿y la gama de colores con la que trabaja tiene que ver con la cultura andina?
LM: Bueno, eso ya depende de los que aprecian; aunque definitivamente mi trabajo está en la gama de los colores cálidos, con algunas excepciones. El pintor siempre elige su estilo y su gama cromática. Así como el músico.

W: ¿Y tiene alguna inclinación por la música? ¿Ha recurrido a algún instrumento musical?
LM: Como músico, no. Pero tengo inclinaciones musicológicas. La música exige habilidad. El hombre que está inmerso en el arte tiene el compromiso de comprender mínimamente las otras expresiones artísticas: la arquitectura, pintura, escultura, grabado. Y no por eso va a dejar de conocer qué es la música.

W: Claro, Profesor, eso significa que un pintor como artesano no será igual al pintor que se intelectualiza, por cuanto este último amplía su universo intelectual.
LM: El pintor que opta la pintura como artesanía, ya no es pintor propiamente, sino un pintor de oficio. Repite una temática, una y tantas veces, porque lo que produce tiene carácter comercial y eso son los que abundan en Lima. Esos cuadros que están en las calles, por ejemplo. En cambio, yo estoy lejos de todo aquello. Mis obras no son de carácter comercial, de modo que nunca vendo mis cuadros porque no son comerciales. De uno que otro me he desprendido por la mucha exigencia de los interesados.

W: Conocí a un acuarelista, Profesor, que decía que no podía vender a sus hijos... ¿Piensa usted lo mismo?
LM: Claro, pues. Cada cuadro es un hijo, es producto del espíritu, del alma. Por eso el pintor, el verdadero artista, pinta una sola vez un cuadro, ya no repite. Si quisiera repetir se enfrentaría a que la fiebre emotiva o la inspiración ya se enfrió... ¡ya piensa en la repetición!

W: ¿Quiere decir que la espontaneidad es un elemento fundamental de la obra, Profesor?
LM: Claro, sobre todo la inspiración que el pintor debe mantener hasta concluir la obra que ha comenzado.

W: ¿Se podría hablar, entonces, de un estado febril que se requiere como condición sine qua non?
LM: Justamente. Claro, pues. Eso es lo que es el arte. El poeta lo requiere. Esa fiebre inspiradora que tuvo Vallejo, por ejemplo, no podría haberle permitido repetir el mismo poema. Igual es la pintura. En el caso mío, digo, sólo una vez pinto el cuadro, ya no puedo repetir.

Leoncio Maguiña, autografiando el libro ofrecido.

W: ¿Y la repercusión de su trabajo a nivel departamental o regional? Supongo que usted es muy visitado.
LM: Bueno, en ese aspecto diré que no soy como Dalí quien orquestaba y generaba su propia onda. Yo no soy de esa talla, de modo que mi sencillez ha permitido que este local se hiciera popular solo. Desde al año 92, en que se llevó a cabo el VI Encuentro de Escritores y Poetas, en Aija, vino una pléyade de intelectuales de Ancash que llegaron a este Museo. Habrían hecho propaganda, pues. Han venido, a partir del 92, camarógrafos, reporteros, delegaciones de estudiantes... Así es que esta pequeña casita es muy conocida, Carlos. Inclusive, yo me he sorprendido, en estas última vez, porque ha venido un equipo de reporteros desde Lima y transmitieron esa producción a través de la televisión. Ya me dijeron los paisanos: “¡Hemos visto tus obras, te hemos visto!”. Era un reportaje que había comenzado en Huarmey, continuó por la quebrada y concluyó en Aija. Ese ya es un honor, sobre todo para nuestra tierra.

W: Y, ¿la última exposición que usted ha hecho? ¿Le han invitado a Huarás, a Lima, las instituciones de aijinos?
LM: Exposiciones he hecho muy poco. Es muy costoso, pues. Alguien tiene que auspiciarla. La movilidad, el montaje y otras cosas, encarecen un proyecto de ese tipo. He hecho contadas exposiciones en Lima, en Huarás, en Aija. La última que hice en Huarás ha sido el 83.

W: ¿Haría una invocación a las instituciones locales, regionales, para estimular la difusión de su trabajo?
LM: Bueno, uno mismo no puede sumergirse en la tarea de propaganda. Es algo contradictorio. Han venido ya personalidades, instituciones, escuelas; desde Lima han venido delegaciones. Para mí es un honor, a pesar de que este no es un museo propiamente, sino una vivienda pequeña. Tiene sus secciones principales: pinacoteca, arqueología, artesanía popular, a la medida en que se puede adquirir los elementos de muestra. Allí es que invierto mi dinero.

W: ¿Cómo ve usted a las nuevas generaciones y la pintura en Aija? ¿Hay pintores nuevos?
LM: En el colegio, muchos manifiestan muy buenas condiciones. Pero, seguramente, no han seguido. Uno de ellos, fue Jorge Palacios, quien tenía muy buena vocación. Después, han habido muchos que han estudiado en la Escuela de Bellas Artes de Ancash, en Huarás. Hay varios, pero no conozco la obra de ellos porque se han dedicado a la docencia. Entiendo de que ha sido un medio para incorporarse a la docencia y nada más.

W: ¿Eso significa que esas personas habrían deseado ser docentes de Artes Plásticas antes que artistas?
LM: Claro, pero de todos modos deberían mostrar sus trabajos. Uno hay, es David Brito, y trabajos de él sí conozco. Diría que pinta muy bien y tiene buenas condiciones. Es paisajista. Del resto –digo de otros–, no conozco. El arte requiere dedicación, perseverancia y sino no eres artista...

W: Algo como epílogo de esta conversación, Profesor.
LM: Bueno, gracias. Seguro que debes ya de haber hecho algún trabajo en el viejo mundo. Te felicito, sigue adelante pero sin olvidar a nuestra tierra. Mi saludo para los paisanos que se encuentren en esas latitudes. Ojalá tu proyecto tenga éxito.

W: Gracias, Profesor, hasta otra oportunidad.

(Publicado en WARU: espacio para el pensamiento libre, N° 1, julio-agosto, 2006 - Berlín)
Fotos: Carlos Mejía Gamboa - 2006